La aventura gráfica que mejores recuerdos me trae a la memoria es The Secret Of Monkey Island. Este proyecto a cargo de Ron Gilbert salió a la venta en 1990 y es uno de los juegos de más renombre de Lucasarts.
Todo empieza cuando un muchacho llamado Guybrush Threepwood llega a la caribeña isla Mêlèe con la intención de convertirse en un pirata de tomo y lomo. Durante su entrenamiento se enamora de la gobernadora Elaine Marley, quien a su vez ha enamorado al peligroso pirata fantasma LeChuck. A partir de ahí se lía la cosa, si ya has jugado y sabes algo de inglés te hará gracia esta "película".
Sin duda, lo que mejor recuerdo y más me ha marcado es el humor que se disfruta durante todo el juego. Infantil e inocente, pero que desató en mí las más sonoras carcajadas. Por ejemplo, para que sepáis de lo que hablo, una de las pruebas para convertirse en pirata es ser bueno en la lucha. Pero la forma de luchar son los insultos, quien responde mejor a los insultos gana. ¿Qué responderíais a "¡Peleas como un granjero!"? Pues evidente, "¡Qué apropiado! Tú peleas como una vaca."
sábado, 13 de octubre de 2007
The Secret Of Monkey Island
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Alejandro Cámara
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martes, 2 de octubre de 2007
La catástrofe nuclear
9:30 de la mañana, primera clase de la asignatura "Física nuclear y de partículas", troncal de quinto curso de la licenciatura en física, impartida por el profesor Felipe José Llanes Estrada. Toda una lección magistral de la atrocidad de la guerra moderna.
Al principio me lo tomé como una broma, eran casi lecciones de fabricación de bombas nucleares, termonucleares y de neutrones. "Ya no voy a poder entrar en Estados Unidos" comenté de broma con mi compañera. La clase seguía: se nos indicó los distintos órdenes de magnitud de las bombas. Las bombas que usa ETA son de unos 0,1 kTones (100 toneladas de TNT). La de Hirosima fue de 20 kTones, unas 200 veces más violenta y con la radioactividad como efecto añadido.
Cuando el profesor habló de los tres frentes de onda que se propagan al detonar una de estas bombas ya no sabía qué pensar. Primero se ve la luz descargada en la reacción. Este es un flash que deja la sombra nuclear: una mancha permanente en superficies por la anteposición de objetos al resplandor. Luego llega la onda térmica, que abrasa todo lo que se pone a su paso. La onda de choque es la última en llegar, yendo al doble de velocidad que el sonido, unos 700 metros cada segundo. Esa no perdona. Destruye todo lo que barre a su paso. El profesor, está claro, ya no habla de cosas graciosas.
Al mostrar las imágenes de espaldas en carne viva fruto de la onda térmica y los testimonios de dos supervivientes científicos ya no había lugar a duda. No estaba de broma. No es un tema para hacer gracia.
Actualmente se calcula que existen del orden de 20.000 bombas nucleares en todo el mundo. Una cantidad ridícula por su elevado cardinal, capaz de destruir todas las ciudades importantes de la Tierra más de una vez cada una. Ridículo. Ridículo... ¿Ridículo?
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Alejandro Cámara
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lunes, 1 de octubre de 2007
A fire upon the deep
Ya he terminado este excelente libro. A fire upon the deep (Un fuego en el abismo en español) es un libro de ciencia ficción dura, muy futurista y con una ambientación de lujo. En 1993 fue galardonada con el premio Hugo a la mejor novela.
Su autor, Vernor Vinge, es capaz de desplegar una galaxia salpicada por una diversidad inconmensurable de seres inteligentes; donde el amor, los mitos de eones de antigüedad y las ciencias de la comunicación dan acto de presencia. La sinopsis sería algo como...
En Straumli Realm, situado en el High Beyond (una zona de la Vía Láctea), unos científicos humanos desatan una bestia capaz de destruir toda civilización de la Galaxia. La única solución para detener el apetito de esta perversión parece hallarse en un remoto mundo medieval del Slow Zone, donde los sistemas vitales automáticos y los motores de velocidad supralumínica dejan de funcionar. ¿Alguien será capaz de salvar el futuro de la Galaxia?
Una linea argumental de infarto: persecuciones a lo largo de la espiral de la Galaxia, combates de flotas espaciales de proporciones épicas, asesinatos de dioses y una historia de amor. Sin duda una de las lecturas que recomendaría encarecidamente, siempre advirtiendo de ser un libro difícil y para los más frikis. Y quien se quede con ganas de más siempre puede leer Un abismo en el cielo, una precuela que bien podría tratarse de una novela completamente independiente.
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Alejandro Cámara
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